

La verdad universal y vacía
«Hombres como Mach, Ostwald y Duhem. Según estos profesores, ninguna hipótesis es mas cierta que cualquier otra en el sentido de ser una copia mas literal de la realidad. Todas no son mas que formas de hablar de nuestra parte, para ser comparados únicamente desde el punto de vista de su uso. Lo único que es literalmente verdadero es la REALIDAD; y la única realidad que conocemos es, para estos lógicos, la realidad sensible, el flujo de nuestras sensaciones y emociones a medida que pasan.» (De «Complete Works of William James»).
Quizás uno de los mayores peligros a los que estamos expuestos es el de estar seguros que hemos entendido – no estamos hablando acá de mensajes técnicos o recetas que sin duda exigen una comprensión que se comprueba en cada pasaje de información -, por lo que es siempre saludable – y al mismo tiempo, reconocidamente enfermizo – obligarse a la duda cuando lo que leemos nos parece demasiado sencillo (la navaja de Ockham nos presenta un dilema más que interesante que debemos sortear destinándola a cumplir con su misión de austeridad en las hipótesis científicas, dispensando de sus servicios a la hora de pensar, que siempre precisará de la quinta pata del gato que evita el cierre – pero sin embargo, no se sobreimprime esta proliferación de letras en la economía de un haiku o en un poema de Emily Dickinson?), como parece ser esta definición de la verdad como ajuste a su utilidad, que en principio nos seduce como antídoto al despotismo de la V mayúcula, permitiendo un mundo plástico que destina a las teorías a demostrar su rendimiento con la vara siempre puesta en la duración de nuestras vidas (es curioso y sintomático que sea siempre este el parámetro de toda medida -¿qué hay de la pulsión de muerte, cuál es la regla para el ámbito en el que la duración es cobardía?), evitando dejar de lado la ética, intentando incluirla englobada en el mismo concepto (nos dirán, por ejemplo, que el arte también ofrece su flanco provechoso, obsequiando bienestar que se traduce en posterior rendimiento), aunque aquí, después de tanta demora inútil, caemos en la cuenta que aún en el intento aparente de abarcar mucho más que una concepción burdamente instrumental, el pragmatismo no puede negar el momento de su aparición en la historia, buscando productividades en donde la verdad se presenta universal y vacía.