Las capas de la cebolla

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Las capas de la cebolla

«El (R. Feynman) despreciaba a la filosofía como blanda e inverificable. Los filosofías están siempre afuera haciendo comentarios estúpidos, decía.»..  «Estamos llegando al corazón simple de la naturaleza, o estamos solamente pelando las capas de una cebolla de profundidad infinita? Aunque él a veces se retiraba a una mirada de practicalidad, Feynman dió respuestas a estas preguntas, aunque sabía que eran filosóficas y no-científicas.»…»Para él, el conocimiento no describía; activaba y lograba.»..»(De «Genius: The Life and Science of Richard Feynman, por James Gleick)

En un alarde de apertura, R. Sapolsky (profesor de ciencias biológicas y neurología de la prestigiosa universidad de Stanford), nos dice que, tanto la teoría del sistema nervioso simpático de Cannon que da lugar a la «lucha o huida» (dicho sea de paso, obtenida con algunos, justificados electroshocks a indefensos primates) a través del flujo que va desde las estímulos  de algo allá afuera o acá adentro, pasando por el tálamo ya en forma de corriente nerviosa, hasta el hipotálamo, disparador definitivo de neurotransmisores y adrenalina, como el «síndrome general de adaptación”, de H. Selye, con su glucocorticoides en acción (y otra vez de paso, can su función positiva y negativa al mismo tiempo), no terminan de explicar los comportamientos bajo stress, que su propio estudio sobre los baboons si desenmascara (y una vez más, de paso – no es lo nuestro al fin y al cabo escribir en  los intersticios? -, parecemos tener la inveterada tendencia a considerar con seriedad la autoridad de un saber universal a los que demuestran una historia de investigación inevitablemente estrecha), mostrándonos como los más diversas factores hacen su aparición, desarmando el prejuicio de hombre blanco occidental con asiento en New York que él mismo introdujo (el alto ranking que da el poder es el que disminuye la presión arterial y la circulación de hormonas stresoras), para dar lugar a un espectro amplio de actores (contexto cultural, estabilidad de jerarquías, diferencias en la percepción de amenazas), abundancia, que no impide que incentive su idea de determinismo absoluto (es curiosa esa defensa que expone argumentos que se derrotan a sí mismos – solo eludidas por la hábil idea del protestantismo que en la convicción de ser los elegidos, se comportan para merecerlo), recorriendo eones de evolución, batallas, genes, átomos, clinámenes y campos magnéticos, cuando caemos en la cuenta que la intensificación brutal del principio de razón suficiente, evidencia como contrapartida, su impotencia para lidiar con infinitos por encima que lo exceden, que dan vida a esa cebolla que Feynman odiaba pero de la que necesitaba hablar.