

Las ventanas de la caja
«La tautología y la contradicción no son imágenes de la realidad. No presentan un estado de cosas posible. Porque uno permite todos los estados de cosas posibles, el otro ninguno.» … «la proposición, la imagen, el modelo, están en un sentido negativo como un cuerpo sólido que restringe la libre circulación de otro; en un sentido positivo, como el espacio limitado por una sustancia sólida, en la que se puede colocar un cuerpo.» (De «Tractatus Logico-Philosophicus», por Ludwig Wittgenstein)
El lenguaje no solo nos presenta una imagen del mundo, a la manera de un mapa que permite desplazarnos para convertirnos en expertos en conectar caminos, sino que más bien parece ser uno con lo representado, porque lenguaje-mundo excede el nivel de representación de algo que está ahí a la espera de su descubrimiento, pero tampoco se reduce a la construcción postmoderna en donde nada hay dado —siempre en ese comportamiento pendular del todo o nada, como si después de una ola en forma de moda, precisáramos balancearlo con su opuesto, como si en el fondo intuyéramos que despejando las contradicciones, fuéramos capaces de capturar lo Real — sino que estamos en presencia de una rara propuesta en donde el lenguaje y el mundo ostentan los mismos límites, siendo ambos caja y contenido, sobre una base independiente — ¿será la lógica una consecuencia del desenrollamiento del espacio y del tiempo?¿serán esas categorías producto de un cableado fortuito creadas quizás según la metáfora del Big Bang? — que proporciona las restricciones y las libertades en donde Buda vio la ilusión y el sufrimiento que la sigue, intentando a la vez, como tantos otros, despertarnos a una realidad última que supuestamente nos espera fuera de la caja, como si nuestra experiencia en el mundo se tratara, en el mejor de los casos, de algún tipo de tamiz que dejara afuera la verdad, sin resolver el dilema en el que Wittgenstein nos pone, a saber, el que se desprende de la imposibilidad de ver nuestro propio ojo, aunque apelando a la contradicción que intenta evitar — quizás propulsado por el asedio que sus interminables e inútiles palabras provocan — nos muestra ventanas hasta el momento fuera del alcance en lo que finalmente no era, afortunadamente, tan sólido.