

Lo claro y lo confuso
«Es más, como una idea ficticia no puede ser clara y distinta sino necesariamente confusa, y como toda confusión surge del hecho de que la mente tiene solo un conocimiento parcial de una cosa simple o compleja y no distingue entre lo conocido y lo desconocido y, nuevamente, que dirige su atención promiscuamente a todas las partes de un objeto al mismo tiempo sin hacer distinciones, se sigue primero que si la idea es de algo muy simple debe ser necesariamente clara y distinta. …Como no puede haber nada en la naturaleza contrario a las leyes de la naturaleza, como todas las cosas deben pasar por leyes fijas, de manera que cada cosa debe irrefutablemente producir su propio efecto, se sigue que el alma, tan pronto como posee la concepción verdadera de la cosa, procede a reproducir en pensamiento los efectos de esa cosa.» (De “On the Improvement of the Understanding”, Spinoza)
«La tierra está marcada por la desolación y a menos que plantemos las semillas de las ciudades y los pueblos en el seno humano, Albión debe ser una roca de sangre … Debe estar sumida en la confusión hasta que Albión despierte.»(W. Blake)
«¿Entonces qué hacen la benevolencia [ren] y la conducta responsable [Yi] deambulando por ahí en medio del Dao y sus poderes intrínsecos, intentando unir todo como si fuera con pegamento y cuerdas anudadas?» (Zhuangzi)
Ghost Dog se atiene al código del Hagakure (“Ghost Dog: The Way of the Samurai”, película de Jim Jarmusch) que se torna arbitrario en el mismo instante en que se independiza del escenario, aplicando reglas puras y absolutas ajenas a todo cálculo de conveniencia —de hecho lo conducen a su muerte— en oposición flagrante con una suerte de ética contextual —propuesta, entre otros, por Confucio— dramatizando un dilema en la elección de un ancla en un universo que para algunos parece esfumarse en la multiplicidad indominable sin la intervención de la mente que ordena y para otros se reduce a la simpleza de un desenvolvimiento al precio de su desconocimiento que no impide un pliegue casi místico – la letra del Hagakure pertenece ella misma al Dao que no necesita de ayuda y solo exige ignorancia y obediencia –, resistido por Spinoza a través de la fabricación del mito imposible de soslayar que alienta la división en el albur de que el ladrillo mínimo se rendirá a su conocimiento para la edificación prometida —ilusión basada en la imposibilidad de un triángulo cuadrado, en un truco expuesto por Hume que consiste en despegarse de la experiencia para volver al intento de imponerse después de las abstracciones de la razón, como un barrilete suelto en el viento— convirtiendo a la razón en la autoridad sin contrarresto, apta para legislar e intervenir, perfeccionando el amarre al autorizar su interceder – como única herramienta para evitar el inevitable incremento del desorden, traducido al moderno supuesto del aumento de la entropía –, provocando un nuevo giro en la mirada hacia los que reconocen en la aparente confusión eso que impide la intervención por el simple hecho de incluirlo todo.