Lo confuso

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Lo confuso

«Y por lo tanto yo( Alcibíades) huyo y vuelo de él, y cuando lo veo me avergüenzo de lo que he confesado. Muchas veces he deseado que estuvie­ra muerto, y sin embargo sé que debería estar mucho más arrepentido que feliz si muriera: así que estoy al final de mi ingenio.»…» Aristodemus estaba solo medio despierto, y no escuchó el co­mienzo del discurso; lo principal que recordaba era Sócrates obligando a los otros dos a reco­nocer que el genio de la comedia era el mismo que el de la tragedia, y que el verdadero artista en la tragedia también era un artista en la comedia. A esto se vieron obligados a dar su consentimiento, estaban soñolientos y no se- guían del todo el argumento.»( De «Symposium», » Plato: The Complete Works», por B. Jowett)

Electroencefalografías( EEC), resonancias magné­ticas funcionales( fMRI) y técnicas cada vez mas sofisticadas gracias al progreso geométrico de nues­tras prótesis procesadoras por alguna razón, recordamos la furia desatada por los científi­cos defendiendo más y mejores aceleradores de partículas cuando la teoría standard estaba en su auge fogoneada por los expertos en las univer­sidades, revistiendo con argumentos samaritanos los intereses siempre menos interesantes – dejamos de lado el origen de las inversiones que redireccionan la búsqueda por fuera de todo relato de prosperidad), recorren nuestros cerebros en la búsqueda de destellos tautológicas (mas allá de las coherencias que compiten por su alcance, sabemos que al fin del día todo relato humea no reclama validez, transformando los hallazgos en aquello que queremos encontrar) que sin duda apun­talan los discursos médicos en retroalimentación, localizaciones plagadas de excepciones que descar­tan sin estadísti­ca y series de Taylor que se aproximan, dejando por irrelevantes (no hay ciencia arbitrariamente de lado decimales que no afectan su manipulación), rescatadas por la filosofía que se demora inutilmente en ese detalle menor que desbarata todo y que provoca la huida de Alcibíades( recordemos que es él el que intenta con su belleza evidente seducir a Sócrates, inten­tando revertir, en otro orden, el sojuzgamiento que percibe en sí mismo) que, fracasando, triunfa adueñándose de esa confusión que entre sueños nos dice que, inverosímil como aparece, la trage­dia es en realidad comedia.