Lo imbatible

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Lo imbatible 

«El ‘contextualismo del desarrollo’ [R. Lerner] se deriva del concepto de ‘epigénesis probabilística’ de Gottlieb. El desarrollo procede a varios niveles – por ejemplo la expresión del gen, la formación de tejidos, y el estado del entorno – y las interacciones entre los niveles son el principal foco de investigación, más que un nivel como focal y los otros como fondo contra el que el primero se despliega — ‘interaccionismo dinámico’ que ellas contrastan con ‘interaccionismo estático’.”…”Oyama rechaza la misma idea que lo innato existe separadamente y antes que lo adquirido.”…”Oyama rastreó implacablemente las fallas de paridad de razonamiento en teorías anteriores. La misma característica se le atribuye gran importancia cuando un gen la exhibe, sólo para ser ignorada cuando lo exhibe un factor no-genético.”… “Okasha llama a este tipo de holismo salvaje ‘democracia causal’.” …”En el corazón de DST [Development Systems Theory]: epigénesis y dinámica de desarrollo.» (De «Everything Flows», ed Dupre, por Griffiths/Stotz) 

El rastreo de las fallas de paridad está lejos de circunscribirse a un caso específico – aunque la sensación de eureka provenga de una aplicación que siempre pide a gritos la extensión en analogías – mostrando su potencial ilimitado de esparcirse en toda ciencia y en toda filosofía (que pretenda imitar sistematicidad), subrayando la pobreza del foco que solo sobrevive porque el horadamiento excesivo no tiene rentabilidad tentadora, como lo demuestra el escaso suceso – como no podía ser de otra manera, dada su esencia que precisa de ser auto-derrotada – de la porción más escondida legada por Sócrates que Pirrón de Elis ni siquiera pudo escribir (Timón de Fliunte lo transcribió y lo traicionó inevitablemente, convertido en un héroe trágico), ahogado en un escepticismo que no tiene permitido hablar, permitiendo con su imposibilidad de aplicación (y esto lo ubica en las antípodas del pragmatismo, radiante de demostraciones y éxitos) la propagación desmedida de la ilusión de conocimiento, que de vez en cuando, casi por un descuido de la razón que siempre está atenta a su potencial extralimitación (el discurso y el entendimiento distribuyen fusibles para controlar cualquier exceso), aparece por fuera de toda convocatoria, por ejemplo, en la sorpresa de las ‘extrañas inversiones’ que desorientan completamente a la causa y al efecto (¿es la curvatura espacio-tiempo el origen de la distribución de la masa-energía o es al revés? ¿una empresa es rentable porque sus acciones se cotizan bien en el mercado o es precisamente esta la causa de su rentabilidad?), convirtiendo todo el espacio de razones en una confusión supina, justificando la diatriba que define a la idea como holismo salvaje, asociada a una democracia causal que comienza a perfilarse como una amenaza, no ya limitada al provincianismo de un supuesto saber, sino ahora dirigida a la política que administra palabras y cosas que de todas maneras se sabrá defender, sabiéndose imbatible.