Lo muerto vivo

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Lo muerto vivo

«Pensar consiste en reconstituir y naturalmente, es con elementos dados, y en consecuencia con elementos estables, que reconstituimos.»…»En cuanto a la llama­da invención, que es, sin embargo, el punto de partida de la propia industria, nuestro intelecto no logra cap­tarla en su nacimiento, es decir, en su indivisibilidad, ni en su fervor, es decir, en su creatividad.»… «Estamos a gusto solo en lo discontinuo, en lo inmó­vil, en lo muerto. El intelecto se caracteriza por una incapacidad natural para comprender la vida. El instinto, por el contrario, se moldea en la forma misma dé la vida.» (De » Henry Bergson Premium Collection»)

Extrañas razones nos han expulsado del paraíso (y en realidad solo es una forma de hablar, habida cuenta que esas «razones» exceden a nuestra lógica y por lo tanto son ajenas al prin­cipio de razón suficiente -¿no es esto una buena definición de lo siniestro?), condenándonos a una labor muy similar a la de Sísifo, en el esfuerzo repetido de llevar la piedra a la cima para que vuelva a caer irremediablemente una y otra vez (¿pero no es en esta serie que pretende ser infinita en dónde advertimos también eternidad?), destruyen­do para reconstruir, creando el abismo entre el presente que pretendemos fijar y el futuro que pla­neamos, dándonos la ventaja aparente de la ma­nipulación en adelanto (¿pero es esto realmente un paso adelante desplegado por la evolución cuando lo comparamos con la supervivencia de las bacterias o de las plantas?), al precio (y aquí hacemos honor a la poética de Bergson) de perder el fervor de la creatividad, de la novedad, de la continuidad inesperada (¿pero como haría el tigre para darse cuenta de esos eventos únicos sin dar el condenatorio paso al costado?) aunque debemos reconocer, no sin lamentar una nueva paradoja, que la nostalgia de ese entusiasmo solo es a partir de su pérdida, como si solo a partir de nuestro crimen y castigo se generara el objeto de nuestra melan­colía, delineando lo absolutamente nuevo sobre la más descarada de las repeticiones (¿no es en vano el esfuerzo de Deleuze en diferenciar la repetición mecánica y cuantitativa de la viva o cualitativa, que implicaría la proliferación infinita de repeticiones me­cánicas y vivas en cada análisis de repetición?) como si, contrariamente a lo esperado, lo vivo fuera una invención de lo muerto.