Lo que se muestra ocultándose

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Lo que se muestra ocultándose

«Ahora decimos que un objeto compuesto cambia por el desplazamiento de sus partes. Pero cuando una parte ha dejado su posición, no hay nada que impida que vuelva a ella.»…»El cuerpo vivo ha sido separado y cerrado por la propia naturaleza.»…» Sin duda, es difícil decidir, incluso en el mundo organizado, qué es individual y que no lo es.»…»… si bien la tendencia a individuali­zar está presente en todas partes en el mundo organi­zado, en todas partes se opone a la tendencia a la reproducción.»…»Por lo tanto la individualidad alberga a su enemigo en casa..»…»Si deseáramos encontrar un término de comparación en el mundo inorgánico, no es a un objeto material determinado, sino mas bien a la totalidad del universo material que deberíamos compa­rar al organismo vivo.» (De «Henry Bergson Premium Collection”).

Es interesante comprobar como en el esfuerzo de probar una hipótesis, se amanece exactamente en su opuesto, como si una especie de maldición (bendi­ción) socrática inundara nuestro pensamiento cada vez que nos aventuramos a aguas abiertas (¿será por eso la tendencia casi inevitable a los sistemas cerrados y a la necesidad de anclar al pensamiento el consi­guiente vértigo que decidimos cortar cuando la reflexión se prolonga mas allá de lo aconsejable, como si tuviéramos la oscura sospecha que esa profundización de la razón es sinónimo de locura, como si viéramos a Sócrates y su alegría por el veneno muy cerca nuestro?), como por ejemplo en el empeño de encontrar diferencias en el mundo de lo vivo y de la duración que aborrece del espacio, con lo desorganizado, que solo se atiene al espacio sin historia (¿pero que hay del segundo prin­cipio de la termodinámica que impide que la copa que se ha roto vuelva a lucir su integridad?¿qué hay en suma, del aumento de entropía que destina al mundo a lo irreversible?), tratando de eludir como se pueda la evidencia que ese mismo intento revela, como cuando a no mucho andar caemos derrotados en la definición de individuo al que no le encontramos límites precisos (si no estuviéramos avisados, no podríamos salir de nuestro asombro cuando nos dicen que un ser vivo no es comparable a una cosa sino…’a la totalidad del universo material’…!) y es paradójicamente en el empeño de oponerse a la confusión producto de la coexistencia de lo opuesto, en donde nos es mostrado (a la manera de Wittgenstein, que siempre nos aconseja arrojar la escalera luego de haber utilizado los peldaños) en todo su esplendor la contradicción inexpresable y al mismo tiempo flagrante en las palabras que esconden y muestran al mismo tiempo, como el boudoir real en donde la carta demorada se oculta exhibiéndose de par en par.