

Lo roto
«Por el hecho de imaginar que los hombres aman u odian algo, amaremos u odiaremos lo mismo. Es decir, por este mero hecho sentiremos placer o dolor ante la presencia de la cosa.» Prop XXX. Si alguien ha hecho algo que, en su opinión, afecta a otros hombres de manera placentera, se sentirá afectado por el placer, acompañado de la idea de sí mismo como causa; en otras palabras se considerará a sí mismo con placer. Por otro lado, si ha hecho algo que, según él, puede afectar dolorosamente a los demás, se considerará a sí mismo con dolor. (De “Ethics”, B. Spinoza)
“Broken cutters, broken saws / Broken buckles, broken laws / Broken bodies broken bones / Broken voices on broken phones / Take a deep breath, feel like you are choking / Everything is broken.” («Everything is broken», B. Dylan)
«I felt a Clearing in my mind – / As if my Brain had split – / I tried to match it ~ Seam by Seam – / But could not make them fit.» (937, E. Dickinson)
«Senti una Hendidura en mi Mente – / Como si mi Cerebro se hubiera partido – / Intenté unirlo – Costura por Costura – / Pero no pude hacer que encajara.»
El ojo que se abre en el centro de la explosión nuclear de Nagasaki, la rosa invadida por las hormigas empeñadas en su destrucción, los hierros retorcidos de lo que fuera el juego de los niños, derretidos junto a ellas, son las imágenes que la abuela Kane (“Rapsodia en Agosto” de A. Kurosawa) pretende extraer de la anestesia a la que sus hijos quieren conducir todo, persiguiendo la hipotética riqueza prometida en la ilusión de la plantación de ananá de su primo americano, oposición que trae a escena la fantástica idea de Heidegger (qué punto más alto del pensamiento puede haber más allá de estas ideas-gatillo que encierran el universo como un inesperado aleph) que muestra lo roto como lo único que desemboza un ser de otra manera adormilado, como si lo quebrado, despojado de su aburrida función, se ofreciera completo para exhibir la luz liberada en su desgarramiento, rompiendo el circuito spinociano de un placer en espejo que se multiplica en abismo (el placer del otro provoca mi placer que acrecienta el placer del otro, etc.), con destino de nirvana, si no fuera segado por su verdad, la limitación originaria de una consciencia trágica a la que le ha sido dado el anhelo del todo con lo terriblemente reducido de su alcance (en definitiva, ahogada en un error perpetuo que ni siquiera las también dudosas nociones comunes pueden erradicar), que invierte la misión, sospechando de lo claro y lo distinto, de las superficies lisas, de la enseñanza y su comprensión (el «eso no es» que el zen advierte a cada paso) para dirigir lo geométrico contra sí mismo, para demostrar hasta qué punto lo invisible es invisible y conseguir la rotura que ya no necesita volver a encajarse.”