Lo unheimlich

Screenshot
Screenshot

Lo unheimlich

«Esta nueva idea se adopta entonces como la verdadera. Conserva el stock mas antiguo de verdades con un mínimo de modificación, estirándolos lo suficiente como para hacer que admitan la novedad, pero concebirlo de una manera tan familiar como el caso lo haga posible.»…»Si hay alguna vida que sea realmente mejor que deberíamos llevar, y si hay alguna idea que, si se cree, nos ayudaría a llevar esa vida, entonces sería realmente mejor para nosotros creer en esa idea, a menos, ciertamente, que creer en ella incidentalmente choque con otros beneficios vitales más grandes.» (De «Complete Works of William James».

Freud nos legó la palabra «unheimlich» (no-familiar, siniestro) – es curioso que una palabra de uso común adquiera un halo único en la pluma de algún genio (¿o se convierte en genio al momento de ser el autor de una transformación que no se propuso en un primer momento?), objeto de grandes controversias, mas allá de las cuales deslumbra en una oposición sin despliegue, porque lo «unheimlich» está sobreimpreso sobre lo heimlich», porque quizá ese lugar de lo familiar es lo más expuesto a la contradicción de lo Real (¿no acuden las películas de terror precisamente a ese efecto en la sonrisa angelical diabólica, en la cara que es al mismo tiempo inocente y siniestra?), mostrándonos cotidianamente su parte oculta cuando nos demoramos un instante de más, y es en ese espacio en donde el pragmatista desenvuelve su método, rodeando lo no-familiar con la saliva que le permitirá ser digerido (también parece ser parte del imaginario popular el horror que proporciona ser incorporado al sistema digestivo del otro), neutralizándolo, permitiéndole a lo sumo liderar una pacífica y edulcorada modificación de la red de ideas a las que se incorpora (a veces, sin embar­go, aislado en un apartado sistema sin conexión con la otras islas de nuestra mente), recubierta de la idea de progreso, apagando lo disruptivo, porque no hay idea que sea capaz de ponernos cabeza abajo, que no sea posible sofocar con la adecuada lobotomía (¿no ha tenido esta metáfora las más variadas concreciones, desde la brutalidad de la invasión al cerebro hasta procedimientos invisibles por lo sutiles?), y todo un función de la definición siempre non-sancta de «beneficios vitales más grandes», que con su amplitud inabarcable, dan lugar a consejos siempre del lado del dominio de unos por los otros.