Lo uno y lo múltiple

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Lo uno y lo múltiple

«Considere el organismo más complejo y armonioso. Todos los elementos, nos dicen, conspiran para el mayor bien del conjunto. Muy bien, pero no olvide­mos que cada uno de estos elementos puede ser en sí mismo un organismo en ciertos casos, y que al subordinar la existencia de este pequeño organismo a la vida del grande, aceptamos el principio de una finalidad externa. La idea de una finalidad que siem­pre es interna es, por tanto, una noción autodestructiva»….»Por no hablar de los fagocitos, que empujan la inde­pendencia hasta el punto de atacar el organismo que los nutre.»…»Si hay finalidad en el mundo de la vida, ella incluye toda la vida en un solo abrazo indivisible.» (De «Henry Bergson Premium Collection»)

En sentido contrario a cierta idea aséptica del pensamiento (epitomizada en la búsqueda de los lenguajes ideales que aunque fracasados, no dejan de mostrarnos intenciones que seguirán vigentes con otros disfraces), a veces nos resulta evidente la antecedencia de la intuición, como si el autor, sin saberlo, recorriera como un flujo de agua los cana­les que se le presentan, tomando las bifurcaciones que le permitirán llegar al puerto inconscientemente predeterminado, fiado de antemano por una predisposición (sin duda también problemática) que nos exige desde las sombras, visible en la idea de finalidad (otra vez, es interesante ver como Bergson se revuelve una y otra vez contra la idea teleológica pero no puede dejar de que ingrese por ventanas que él mismo construye, como el paso que le damos a nuestras obsesiones aún en la aparente oposición que les ejercemos), imposible de establecer toda vez que los límites de lo individual son siem­pre borrosos (es maravilloso el espectáculo que nos brinda el fanático Richard Dawkins adjudicándole egoísmo al gen(!), como si después de rendirse ante la pluridad de la que estamos compuestos (de hecho desiste de otorgarle egoísmo al hígado o a los riñones) frenara por aburrimiento (¿por qué no conceder egoís­mo a las moléculas, átomos, protones, leptones, bosones, etc, según aparezcan en el acelerador de partículas de Suiza?)), yendo en dirección opuesta, hacia lo mas grande, hacia la vida que todo lo abarca en sus innu­merables bifurcaciones, cuya finalidad está protegida porque no hay nada más allá de su misma noción arbitra­ria que tiene la virtud de esconder la contradicción que nos hizo desistir de lo pequeño, evitando a toda costa reconecer que todo lo real es uno y múltiple al mismo tiempo.