Los contornos

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Los contornos

“Prop VI. Todo en la medida que es en sí mismo, se esfuerza en persistir en su propio ser… ninguna cosa contiene en sí misma nada por lo que pueda ser destruido o que pueda quitarle la existencia; por el contrario se opone a todo lo que podría quitarle la existencia. Por lo tanto, en la medida en que puede y en la medida en que es en sí misma, se esfuerza en persistir en su propio ser. Prop VI. El esfuerzo con el que todo se esfuerza por persistir en su propio ser no es más que la esencia misma de la cosa en cuestión. (De “Ethics”, B. Spinoza)

The Spirit lurks within the flesh / Like Tides within the Sea / That make the Water live, estranged / What would the Either be? (1576, Emily Dickinson)

“El Espíritu acecha dentro de la carne / Como Marcas dentro del Mar / Que hacen que el Agua viva, extraños / Qué sería de Cada uno?”

Los críticos adjudican la abstracción de los lirios a la vejez y a la pérdida de visión de los 80 de Monet, rebajando una maravillosa idea a la condición de accidente (que sin duda pero desde una perspectiva completamente diferente, está siempre presente) sin unir los cielos, el agua y los nenúfares fundidos, a la obsesión de la pintura interminable, agregando capa sobre capa, como si cada día exigiera una corrección, como si la pincelada de ayer debiera ser retomada y reformada por la crueldad de una sucesión que no permite pensar, tomando el significado del verbo a años luz de la conexión de ideas, reinstaurando una vez más el putativo dilema del gran problema de la consciencia que mide su distancia con la IA en el mismo plano en donde no puede menos que fracasar — si la consciencia es lo que se experimenta cotidianamente, no es difícil endilgársela a sistemas que multiplican exponencialmente las conexiones demasiado humanas —, esta vez en el descubrimiento de un salto casi sobrenatural (si por natural se consideran las series de lo a la mano) en la mano derretida sobre el lienzo, extenuada por el fragor de hora sobre hora, gestora de su propio y perseguido desvanecimiento, reflejo de un more geométrico que edifica para iluminar lo que siempre ha estado ahí, todo unido en la perseverancia que ya excede a unas pocas ideas que se protegen entre sí para no desaparecer de la vista, para extenderse a la más plena necesidad, solo rendida en el fulgor de un vistazo que ya no necesita de palabras a las que se debe ingratitud para abandonarlas después de un servicio inefable (¿cuál es la frase, cuál es el color, cuál es la nota de la iluminación?) en el medio de la beatitud de Spinoza que diluye el Espíritu y la Carne en una misma cosa en la que la claridad deslumbra y fascina por fuera de los contornos, nítidos y ausentes al mismo tiempo.