Los desgastes invertidos

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Los desgastes invertidos

«En todo juicio que podamos formar sobre la probabilidad así como sobre el conocimiento, siempre debemos corregir el primer juicio derivado de la naturaleza del objeto por otro juicio derivado de la naturaleza del entendimiento.»…»… estamos obligados por nuestra razón a agregar una nueva duda derivada de la posibilidad de error en la estimación que hacemos de la verdad y fidelidad de nuestras facultades… y así siguiendo al infinito. Sin embargo, su influencia en la imaginación y el vigor que añaden o restan del pensamiento no es absoluto igual.» (De “A Treatise of Human Nature”, por Hume)

«Muchos otorgarían la corona de lo siniestro a la idea de ser enterrados vivos en estado de catalepsia, pero el psicoanálisis nos ha enseñado que esta terrible fantasía solo es la transformación de otra que en su origen nada tuvo de espantoso, sino que, por el contrario, se apoyaba en cierta voluptuosidad: la fantasía de vivir en el vientre materno.» (De “Lo siniestro”, por Freud)

«And shake the yoke of inauspicious stars from this world-weary flesh.»/“Sacudir el yugo de estrellas inauspiciosas de esta carne cansada del mundo.” (De “La memoria de Shakespeare”, cita de Romeo y Julieta, por J.L. Borges)

Se podría decir que un posible origen de los dogmatismos se reduce a la simpleza de los efectos del cansancio producido por una búsqueda que exige una infinitud que no puede ser concedida, quizás por la perentoriedad de todo o por el escaso tiempo para tomar acciones que definen la supervivencia (un per saltum del burro de Buridán) que Hume detecta junto con otra razón para justificar la negativa generalizada a aceptar los argumentos impecables de los escépticos (la duda sobre duda sobre duda, aplicada al infinito, corroe a fundamentos más sólidos que el hormigón para dejarlos más insignificantes que un grano de arena) que no es otra cosa que un nuevo ejemplo de desgaste dentro de la lógica de la debilidad gradual que las ideas obtienen en la medida que se apartan de su fuente de energía — en este caso, el aumento de entropía desde la impresión cuesta abajo en las ideas, es copiado desde la primera duda vigorosa hacia el desdibujado de la última en una cadena de unos pocos eslabones –, que abandona el hiperbolismo por una pereza natural producida por ser en el mundo, fenómeno que inesperadamente torna lo heimlich en unheimlich (Freud es minucioso en descubrir en la etimología un ensimismamiento en las dos palabras), cuando la vuelta al vientre materno (ligada a la ataraxia y a la pulsión de muerte) es demorada, convertida en un deseo reprimido del que no se quiere hablar, como si el destino final al que todo razonamiento llevaría (y que los escépticos han enseñado) fuera inmunizado por la sola acción del desgaste que impide al pensamiento llegar a su fin, condenando a vivir la vida hasta el final por lo que no se sabe ni se sabrá nunca, como autómatas con algoritmos que no pueden dejar de cumplirse, en un enfrentamiento de dos degradaciones invertidas, la de la razón que anhela eternidad y la del cuerpo que devuelve al polvo.