

Los espejos rotos
“No hay objeto que implique la existencia de otro si consideramos estos objetos en sí mismos y nunca miramos más allá de las ideas que formamos de ellos. Tal inferencia equivaldría a conocimiento e implicaría la absoluta contradicción e imposibilidad de concebir cualquier cosa diferente. Pero como todas las ideas distintas son separables, es evidente que no puede haber imposibilidad de ese tipo. Cuando pasamos de una impresión presente a la idea de cualquier objeto, podríamos haber separado la idea de la impresión y haber sustituido cualquier otra idea en su lugar.”…”…así, por otro lado, una idea de la imaginación puede adquirir tal fuerza y vivacidad que pase por una idea de la memoria y falsifique sus efectos en la creencia y el juicio.” (De “A Treatise of Human Nature”, por D. Hume)
“Este conocimiento instintivo formaría el núcleo del inconsciente, una actividad intelectual primitiva, más tarde destronada por la razón humana y superpuesta por ella, pero a menudo, quizás siempre, reteniendo la fuerza para arrastrar procesos internos superiores a su propio nivel.” (De “The Wolfman”, por S. Freud)
“Somos nuestra memoria, / somos ese quimérico museo de formas inconstantes, / ese montón de espejos rotos. (De “Cambridge”, por J.L. Borges)
Quizás una nueva definición de pensar (tan complicada que se han multiplicado al infinito, probablemente señalando que solo se rinde a la performatividad) sea el encuentro, luego de un estiramiento anodino, de algún prodigio que corta la serie (puede que sea la razón por la cual Borges prefería el cuento a la novela, con un criterio económico de la extensión) — virtud que podría transformar cualquier actividad en arte, constituyéndose en una sorpresa redoblada –, como la que se detecta mientras se recorre un camino calmo y aparentemente unidireccional que va de las impresiones a las ideas de la memoria y la imaginación, trayecto cuya característica casi entrópica — el sendero se va destiñendo hacia adelante, en un desgaste que simula el desorden al que se cree que el universo está destinado (aunque por supuesto también hay opiniones en contrario con asunciones que descartan al cosmos como sistema cerrado, al modo de un motor a explosión, origen del concepto) — es revertido en un santiamén cuando la ruta se detiene y va hacia atrás, desde ideas decoloradas hacia impresiones de una firmeza que impide el rebatimiento, (y es este ida y vuelta la posibilidad y a la vez la imposibilidad del psicoanálisis, en su pretensión de despegarse de la sugestión hipnótica como su innegable procedencia), abriendo el mismo terreno raíz que creía ser fundamento a partir de sus propias creaciones, convertidas ahora en herramientas para nuevos surcos, y es aquí en donde el conocimiento de las cosas (cualquier significado que esto tenga), a consecuencia de su afán de fijar todo lo que es, se torna contradictorio e inviable — razonamiento que se ajusta a las quimeras de las teorías del todo que, por razones demasiado humanas, no cejan — con las palabras y los instintos revueltos arriba y abajo, cambiando de nivel aleatoriamente, reclamando abiertamente para escapar de la locura, el pegamento de los espejos rotos.