

Los fantasmas de las dendritas
«Decir que Parménides fue más perspicaz es decir que Parménides fue más perspicaz que Parménides, o señalar que en la misma esencia del pensamiento de Parménides había un exceso sobre su propio pensamiento.»…» Si simplemente dices «El Uno es», estás fuera del marco histórico, eres superfluo. Pero si quieres decirlo rigurosamente, como lo hizo Parménides, estás forzado a postular el Dos. Y si postulas el Dos, entonces hay dos causas, y la diferencia entre ellos es una diferencia de principios. Por lo tanto, Parménides vuelve al encuadre histórico desde el cual fue originalmente excluido”…» Por un lado, el fundador [Parménides] era completamente aberrante e imposibilitado de ser pensado; pero, por otro, él era paradigmático.»…» Aristóteles afirma: «De lo que estoy hablando, Parménides lo excluye. Por lo tanto, no hay más nada que hablar.» Pero de hecho lo hay! (De «Parmenides», por A. Badiou)
La «fluorescencia microscópica» o más aún el método/dispositivo ATLUM, ideado por Jeff Lichtman, nos permite ser testigos del asombroso vértigo (al que Lichtman le agrega el adverbio «deprimente», como podemos calificar a una maravilla inentendible) de axones, vesículas y dendritas, en el reducido espacio de un nanómetro cúbico (es importante decir de paso que el apabullante avance de la ciencia y el desarrollo de la capacidad de procesamiento, ha llevado la tarea a ser completada – el cerebro completo – a solo algunos años, dando la seguridad que, más tarde o más temprano, se completará), dejando abierto sin embargo el enigma de su funcionamiento (como Lichtman nos dice, una cosa es tener un mapa de Nueva York y otra muy distinta, entenderla – podemos siempre (y esto es lo fantásticamente interminable) arriesgar hipótesis sobre causas y razones apres-coupe, pero jamás elaborar, por ejemplo, un algoritmo de crecimiento hacia adelante), que podría no resolverse en la espera de más y más capacidad de procesamiento (que a esta altura, como hemos dicho, tenemos que pensar como un hecho) – albur que corren los diseñadores de IA, presos de sus propios axiomas -, manteniendo ese resto sutil e impenetrable (como lo son los fantasmas), como el que Badiou cree advertir en el Parménides leído por Aristófes, que creyendo postular el Uno devela el Dos, adjudicándole a Parménides cierta intención en el diseño de la ambigüedad de su discurso, sin advertir que lo único evidente en el análisis es el foco atento a la espera de lo deslumbrante por venir, circunscribiendo el plegado de la contradicción a cierta voluntad de pensadores geniales, perdiendo así la democratización de lo inefable, capaz de sobrevenir sin aviso en los lugares más inesperados, desarmando privilegios de autores (siempre dudosos: ¿quien es Parménides?), de disciplinas, de épocas, para habitar en donde nuestra negligencia vigilante se ha esforzado por volar (quizás la atención flotante de Freud haya sido su contribución más extraordinaria a nuestras posibilidades de iluminarnos a través de ese descubrimiento sin descripción de la contradicción en lo real), revelando lo incierto que solo es rapaz de lucir en la apertura de significados que se excluyen y son uno (en biología, ¿la estructura da lugar a la función o a la inversa?), propiciando que encontremos los mismos esplendores en Parménides, en un cuadro, en una conversación o en la espectacular danza de las vesículas de nuestro cerebro.»