

Los que no se dejan engañar, erran
“La percepción es suficiente para sí misma, y por lo tanto lo que surge puramente de ella, una obra de arte genuina, nunca puede ser falsa, ni puede ser desacreditada a través del lapso del tiempo, ya que no presenta una opinión, sino la cosa en sí. Pero con el conocimiento abstracto, con la razón, la duda y el error aparecen en lo teórico, el cuidado y el dolor en lo práctico.”… “Pero en la esfera del pensamiento abstracto, el error puede reinar durante mil años, imponer su yugo a naciones enteras, extenderse a los impulsos más nobles de la humanidad y, con la ayuda de sus esclavos y sus engañados, puede encadenar y engrillar a aquellos que no puede engañar.” (De “Works of Arthur Schopenhauer”)
Este párrafo de Schopenhauer sorprende (y es siempre en la sorpresa y la bifurcación en donde creemos que hay algún tesoro aguardando) porque es claro que para él, la percepción pertenece a ese ámbito ilusorio de nuestra experiencia, esa creación fenoménica conjunta del sujeto y el objeto indivisible, muy lejos de la cosa en sí (el noúmeno kantiano), con la que extrañamente parece toparse la obra de arte surgida, al fin del día, de la mismísima Maya; pero aún hay lugar a más perplejidad, cuando en su afán de la tajante separación entre entendimiento (percepción) y razón (creadora de conceptos), encuentra a esta última como la mayor responsable de un error que atrapa a los embaucados que ahora lo son por una doble vía, porque por un lado somos timados por la ilusión estructural (de la que el arte mismo parece desprenderse) y por el otro, en el esfuerzo de deshacernos de las cadenas a través de la razón (y aquí los estoicos, Epicuro y los escépticos están tristemente involucrados) no hacemos más que robustecerlas (¿no nos resuena acá el nombre de Foucault?) y entonces, creyendo encontrar esa quinta pata del gato, reconocemos que es justamente a través del tan denostado engaño que nos es posible tocar lo intocable, con el doble efecto producido en aquellos que, conjeturando ser los privilegiados a los que será imposible embaucar, pierden lastimosamente su oportunidad, víctima de una hybris de la que sin embargo son responsables.
“Les non-dupes errent”