

Los sistemas livianos
«El racionalismo es una aventura en la clarificación del pensamiento, progresiva y nunca final.»…» la filosofía nunca vuelve a su antigua posición después del shock de un gran filósofo.»…»Cualquier cosa que se encuentre en la «práctica» debe estar dentro del alcance de la descripción metafísica.»…»La metafísica no es más que la descripción de las generalidades que se aplican a todos los detalles de la práctica.»…»En el mejor de los casos, tal sistema seguirá siendo solo una aproximación de las verdades generales que se buscan.»…»No conservamos más la física del siglo XVII que la filosofía cartesiana de ese siglo.» (De «Process and Reality», por A. N. Whitehead).
A lo largo de nuestras probables lecturas, somos testigos de lo que podríamos dar en llamar «fanatismo sistémico», que traduce cierta fe (curiosamente aparece esta palabra en el medio de la discusión sobre un supuesto rigor que la debería exiliar) en la posibilidad de llegar a cierta verdad última, esa que desnudará plenamente nuestra miserable estadía en la caverna de las puras sombras – sin duda un sentimiento que no depende de ninguna época en especial, cada una corriendo su propio albur, o «desvío de confirmación», buscando los indicios a la mano que permitan corroborar las certezas del momento (con el castigo asegurado de tener prohibido detectarlo en nuestro propio tiempo – ¿quién no tiene hoy un desmedido entusiasmo en la potenciación astronómica de la capacidad de procesamiento con AI y la probable computadora cuántica que nos promete la facilidad de acceso a los 10^80 átomos del universo?) aunque sin ir tan lejos, podemos encontrar versiones más livianas (posiblemente aún peores, toda vez que esconden debajo de la piel que los mimetiza para escapar de una zona poco amigable, exactamente lo mismo que lo que declaran superado – ya nos decía Foucault que el ajusticiamiento en la plaza pública llevaba sus ventajas sobre el sistema judicial), como las de un pensador. considerado disruptivo puede ofrecer, desinflando. los pretensiones de los sistemas que creen haber encontrado la verdad pero manteniendo en la sombras la verdadera razón del tutelaje de nuestro pensamiento, a saber, la noción del progreso que supuestamente deja atrás a Newton y a Descartes (Feyerabend se encargó de demostrarnos la vigencia del flogisto y la relatividad puede hacernos dejar de lado el heliocentrismo, para no hablar del universo parmenidiano de J. Barbour), que refuerza con el impulso que le otorga su halo de rebeldía, la noción de Sistema como imprescindible para una vida ética.