

No ceder ante el deseo
»El principio involucrado en esta idea es que la razón afirma ser toda cosidad, incluso cosidad de tipo puramente objetivo. Es esto, sin embargo, en concepto: o, solo esta noción es la verdad de la razón; y cuanto más pura es la noción en sí, más tonta se vuelve una idea, si su contenido no toma la forma de una noción sino de una mera presentación o idea, si el juicio que se supera a sí mismo no se toma con la consciencia de este su infinito, sino que se toma como una proposición estable y permanente, el sujeto y predicado de la cual cada uno sostiene en su propia cuenta, autofijado como propio, cosa como cosa, mientras uno tiene que ser el otro de todos modos.» (De «On Scientific Knowledge», por Hegel).
Es maravilloso verlo a Hegel debatirse en la medida que desenvuelve su idea, pero no a la manera de lo que podríamos llamar filosofía de occidente tradicional, con sus principios de no contradicción, de identidad, y de tercero excluido, sino en el proceso de convertirse en otro en la letra siguiente, embarcado en la tarea (¿imposible?) de permanecer en la filosofía que permite ser enseñada en los claustros y al mismo tiempo desenredar performativamente aquello que no puede ser enseñado — y desde Sócrates deberíamos decir que la filosofía no puede ser enseñada sino exhibida en su señalización —, sino mostrado (¿no es este intento todo lo contrario a la sugerencia de callar sobre lo que no se puede hablar que nos diera Wittgenstein?) en el mismo proceso de escritura, que corre permanentemente el riesgo y el albur de creer que ha llegado al mismo tiempo que se congela y debe volver a empezar, en un ida y vuelta sin fin solo apto al coraje filosófico que prefiere la angustia de Sísifo a ceder al deseo que a esta altura podríamos definir como la obsesión de una idea que se niega a ser desalojada (y en Hegel podemos vislumbrarla en la forma de ser y no ser al mismo tiempo, su manera de rodear ese proceso inabarcable), pero que a la vez nos da el motivo para vivir y desenvolver nuestra parte — que también es el todo— del universo.