Non liquet

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Non liquet

«Es lo mismo con la antinomia anterior de la razón pura práctica. La primera de las dos proposiciones, ‘que el esfuerzo por la felicidad produce una mente virtuosa’, es absolutamente falso; pero el segundo, ‘que una mente virtuosa necesariamente produce felicidad’ no es absolutamente falsa, sino solo en la medida en que la virtud se considera como una forma de causalidad en el mundo sensible, y consecuentemente solo si supongo la existencia en él como la única clase de existencia de un ser racional; es solo entonces condicionadamente falso. Pero como no solamente estoy justificado en pensar que también existo como noúmeno en un mundo del entendimiento … no es imposible que la moralidad de la mente debería tener una conexión como causa con la felicidad (como un efecto en el mundo sensible) sino inmediato al menos mediato.»  

(De “The Critique of Practical Reason”, por I. Kant)

«Ya no debemos dudar que simplemente estamos tratando con una fantasía que quizás esté regularmente inspirada por la observación del corto de los animales.»…»… es mi intención cerrar la discusión acerca del valor real de la escena primaria esta vez con un ‘non liquet’.”(De “The Wolfman”, por S. Freud)

La puesta en escena del campo de disputa entre Epicúreos y Estoicos (los primeros anteponiendo la búsqueda de la felicidad a la virtud, dejando la puerta abierta para el falso mito que los dibuja plenos de placeres; los segundos, invirtiendo la ecuación con la primera elección en la virtud que franquea el paso a la felicidad como consecuencia), da la impresión de un rodeo de Kant antes de abordar su obsesión — es también sintomático que no traiga a Aristóteles al cuadrilátero, con la posibilidad de aportar su pliegue virtud/felicidad, quizás por su peligrosa cercanía a su enemigo —, la de ligar a este mundo de sombras (al único al que Hume, paradójicamente, le otorgó realidad) con un más allá que se resiste a separarse ontológicamente pero que cruje a cada paso cuando se lo somete a la prueba de autoridad que debe dar cuenta del primer impulso de cualquier cadena, transmitiendo el mensaje de lo que no se puede conocer, única garantía para que el teatro de ilusiones del mundo no sea todo lo que hay (y esa ‘Maya’ se revestirá aún de más angustia cuando Schopenhauer la reconozca como la fuente del sufrimiento inagotable, dando una razón aún más convincente para intentar el escape), decidido a no darle al mundo de los sentidos otra cosa más que cálculo, con la particularidad de una plena convicción en la certidumbre de las leyes de la naturaleza dada por la ciencia de su tiempo (certidumbre ciertamente arraigada en todo paradigma, probablemente producto del intento a perseverar en el ser de los ensambles que exige seguridad), compartida por Freud (sus conceptos parten de la física clásica) aunque con reservas entre líneas, porque aún asegurando el principio de razón suficiente para cualquier síntoma que se presente, su audacia diluye las cadenas en la abundancia interminable de interpretaciones que hace del ‘non liquet’ el símbolo de un mundo ya desprovisto de leyes inmutables que no precisa de nada para ser libre.