

Pájaros planeando
«Un objeto que presiona sobre cualquiera de nuestros miembros encuentra resistencia, y esa resistencia por el movimiento que provoca en los nervios y los espíritus animales transmite una cierta sensación a la mente, pero no se sigue que la sensación, el movimiento y la resistencia se asemejen de ninguna manera.”…”A lo que podemos añadir que la solidez necesariamente supone dos cuerpos junto con contigüidad e impulso; que siendo un objeto compuesto nunca puede ser presentado por una impresión simple.» (De “A Treatise of Human Nature”, por D. Hume)
«Me refiero al caso de que una paciente demuestre con signos inequívocos o declare abiertamente haberse enamorado, como otra mortal cualquiera, del médico que la está analizando.”…”En último término, la situación es análoga a la que suscita un tratamiento ginecológico.» (De “Observaciones sobre el amor de transferencia”, por Freud)
“Prosigue Runeberg: El Verbo, cuando fue hecho carne, pasó de la ubicuidad al espacio, de la eternidad a la historia, de la dicha sin límites a la mutación y a la muerte; para corresponder a tal sacrificio, era necesario que un hombre en representación de todos los hombres, hiciera un sacrificio condigno. Judas Iscariote fue ese hombre.» (De “Tres versiones de Judas”, por Borges)
El «cerebro en una batea» de Hillary Putnam retoma tres siglos después las intuiciones de Hume, redescubriendo a través de «bombas mentales» la labilidad de las sensaciones (señaladas dos siglos antes por el genio maligno de Descartes que retoma ideas de Sexto Empírico quince siglos atrás de él, que reescribe a Pirrón, etc.), esta vez dándole el sesgo computacional del paradigma habitado — de alguna manera, todos los pensadores están condenados al síndrome de Ogier P., el autodidacta de Sartre que acude presuroso a la biblioteca a verificar sus «nuevas teorías»—, entremezclando terminales nerviosas con chips, solo para seguir confirmando la irracionalidad de la solidez de las cosas, ajenas a cualquier inherencia, rebajada su independencia a una proyección inevitable amalgamada con el universo (el pegamento artificial es al mismo tiempo la naturaleza misma y el truco que ella misma despliega para su desenrollado, indiferente a siempre dudosas tecnologías) y que depara la sorpresa de una nueva inversión, como lo es la inesperada puesta cabeza abajo del empirismo (no el de Hume, sino el del empiricismo posterior que lo lava de escepticismo, destrozándolo como idea para convertirlo en una servil y sosa herramienta) que ahora se ve presionado por los fantasmas que creyó haber exorcizado, reemplazando el objeto de los celos desde el tacto vaginal — desprovisto ya de consistencia — a la transferencia freudiana, que abre a la vez un nuevo enigma en la misma liberación de los espectros que ya planean como pájaros para ver dónde posarse, como la risa del gato de Alicia o como la encarnación del amor, del escarnio, de la reprobación, que finalmente forman las siluetas de lo que vemos cuando creemos estar viendo.