Tocar el cielo

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Tocar el cielo

Sus principales proposiciones [las de su libro] son para los filósofos lugares comunes. No quiero recomendar al resto de la humanidad mi tratado, porque no puedo esperar que contenga algo que les agrade: sé lo profundamente arraigadas que están los prejuicios adoptados bajo el nombre de religión; sé que en las mentes de las masas la superstición no está menos arraigada que el miedo; reconozco que su constancia es mera destinación [destitución / obstinación] y que son inducidas a dar o culpar por impulso más que por la razón. Por lo tanto, a la multitud, y a quienes tienen pasiones similares a las de la multitud, les pido que no lean mi libro; es más preferiría que lo ignoraran por completo que que lo malinterpretaran según su costumbre. (De «A Theological-Political Treatise», B. Spinoza)

“We never know how high we are / Till we are called to rise; / And then, if we are true to plan / Our statures touch the skies – / The heroism we recite / Would be a daily thing / Did not ourselves the cubits warp / For fear to be a king –” (1176, Emily Dickinson)

“Nunca sabemos lo alto que somos / Hasta que nos llaman a levantarnos; / Y entonces, si somos fieles al plan, / Nuestra estatura toca los cielos – / El heroísmo que recitamos / Sería cosa de todos los días, / Si no encogiéramos nosotros mismos los codos / Por miedo a ser rey –”

Cosmo Vitelli (“The Killing of a Chinese Bookie”, película de John Cassavetes), orgulloso de su club nocturno y bombardeado por las consecuencias de su adicción al juego, que lo obliga a ser un gangster entre gangsters con tal de seguir persiguiendo su sueño, que nadie entiende y en todo caso, es juzgado como menor, pero que él no puede dejar de cumplir, representando una y otra vez el juego de dar amor, como canta Mr. Sophistication en su número final a su manera (Cassavetes mismo comenta en una entrevista su curiosidad por la motivación de los dueños de esos clubes al lado de la carretera), con sus chicas que tampoco lo entienden, repitiendo la obsesión de Cassavetes –su película fue un fracaso rotundo, hasta el punto que se debió editar una segunda versión con 18 minutos menos, concesión cuya razón no queda muy clara, asumiendo el pedido constante de los productores de ofrecer una película más digerible, cuestión que no le preocupaba en lo más mínimo a Cassavetes y su pasión innegociable de expresar alguna verdad (contratar actores aficionados era parte de su estrategia de despojo de la escena en la que la cámara de mano era un actor más en su intento de capturar ese gesto menor, desapercibido en la normalidad de los artilugios tecnológicos (que privilegian el encuadre, la iluminación, la expresión del actor/actriz)), como si hubiera una complicidad sin jerarquías causales entre lo que insiste en ser expresado y las dificultades que el mundo presenta para evitarlo (¿o son las reglas de la mafia, la adicción al juego o la deuda contraída las formas mismas en las que nace ese deseo irrefrenable de Cosmos, capaz el mismo de incentivar las complicaciones por su adicción al juego y la deuda contraída?), como si las fuerzas se probaran a sí mismas para dar lugar a esa otra perseverancia que va más allá de una duración, adicta a tocar el cielo.