Todas las cosas son posibles

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Todas las Cosas Son Posibles

«Los científicos todavía hablan sin avergonzarse de la realidad, aún en la era cuantica, de verdad objetiva, de un mundo independiente de la construcción humana, y a veces ellos parecen los últimos miembros del universo intelectual en hacerlo. La realidad limita sus imaginaciones. Cómo entonces puede un genio hacer una revolución? Feynman dijo ‘Nuestra imaginación se estira al máximo, no como en la ficción para imaginar cosas que realmente no están allí, sino simplemente para comprender las casos que sí lo están’…La libertad que entonces él encontró fue una libertad no desde las ecuaciones sino desde la imagen física. Se negó a permitir que la forma de las matemáticas lo encerrara en una única ruta hacia la visualización. ‘Hay tan pocas ecuaciones que he encontrado que muchas imágenes físicas pueden dar las mismas

ecuaciones. Así que estoy dedicando mi tiempo al estudio – viendo cuantos puntos de vista nuevos puedo tomar de lo que se sabe.’ » (De «Genius: The life…of R. Feynman», por J. Gleick)

«Ei siglo será Deleuziano», vaticinó Foucault audazmente (hay que reconocer lo temerario de la frase, si la plegamos a la corriente predictiva condenada siempre al fracaso – casi como la imposibilidad de descontar valor parados en un momento en el que se ignoran las variables futuras – que sin embargo persiste gracias a la no del todo admirada pulsión a ser engañados), dando cuenta de cierto hartazgo de su época a la postulación de objetividad (sin límites precisos, se asiste a un aquelarre de heideggerianos, existencialistas, deconstructivistas, en un orden en el que cada paso intenta superar las contradicciones previas, dando lugar a una dialéctica que encarcela y asfixia), inundando de modas al pensar, paralizado en ese mismo instante de aparente gloria, dejando pasar siempre inadvertida (no es al fin del día la característica del infinito de Anaximandro que pretendió sacudirse las elementos para percibir lo que pasa por al lado?) una forma que se resiste y se ofrece, oscura y clara a un tiempo, como un fantasma sutil que se desliza en la superficie (quizás el hallazgo formidable de la atención flotante de Freud, se haya eclipsado por ese afán de la clínica que debe mostrar resultados – y hay algo de magia en el sufrimiento sin posibilidad de cura del hombre de los lobos o de Dora o de Juanito (que se despliega en una universalidad sin condiciones, ajena  a saberes y consejos infalibles y cercano a cualquier intento, con una realidad (o como se llame) ahi enfrente, iluminando al eter de Michelson, a las cuerdas fallidas, a la invisible Dark Matter o a un poema.