

Una hoja en el viento
«El deber absoluto puede hacer que uno haga lo que la ética prohibiría, pero de ninguna manera puede hacer que el caballero de la fe deje de amar. Esto lo muestra Abraham. En el instante en que esta listo para sacrificar a Isaac, la expresión ética para lo que hace es esta: odia a Isaac. Pero si realmente odia a Isaac, puede estar seguro que Dios no requiere esto.»…»Una paradoja ingresa y se requiere un humilde coraje para captar el todo de lo temporal por virtud del absurdo, y este es el coraje de la fe. Por la fe Abraham no renunció a su reclamo por Isaac, sino que por la fe, consiguió a Isaac.»…» Así, vivir alegremente y felizmente cada instante en virtud del absurdo, cada instante ver la espada colgando sobre la cabeza del amado, y sin embargo encontrar descanso en el dolor de la resignación, pero alegría en virtud de lo absurdo – eso es maravilloso.» (De «The Kierkegaard Collection»)
Conviene una primera separación entre moral (lo que en este párrafo es mencionado como ética), adherida a la ley del otro, origen de nuestros dolores y alegrías en la medida de nuestro acercamiento y la ética de Lacan, mas cercana a la fe del caballero, habitante de lo absurdo, cercano a lo Real del psicoanálisis (y aquí una nueva separación, esta vez con la disciplina que entiende al yo como adaptación – y como siempre encontraremos el párrafo en Freud para soportar la idea en «Wo Es war soll Ich Werden» («Donde el ello fue, el Ego deberá ser») – una muestra más de la falta de unidad en la obra), que se le aparece a Abraham en toda su brutalidad, aunque curiosamente Dios precisa de la intención silenciosa de matar porque se ama (¿no estamos aquí una vez mas de un Dios que carece de la posibilidad de ser representado, si no es a través de la introducción de la contradicción en la vida cotidiana?¿no es en el lapsus donde lo Real se muestra?), quedando por siempre la duda que distingue a Abraham de un simple asesino (¿cúal sería la diferencia entre Abraham y un criminal serial, si el solo hecho de explicarse lo ubicaría automáticamente en la categoría atroz?) – no interesa acá el detalle narrativo que salva a Isaac, porque desde el punto de vista de Abraham, ya está muerto -, y lo que es quizás mas importante es la vida que sigue después de la vuelta del monte Moriá, en donde Isaac está al mismo tiempo vivo y muerto (todavía el gato de Schrodinger da dolores de cabeza a la física cuántica injustamente, toda vez que el cálculo puede continuar más allá de las aporías filosóficas, que aquí perseguimos) y Abraham, aterrorizado y tembloroso, se negará a sí mismo explicaciones confortables, testigo como ha sido del portento que desde ahí en más, lo acompañará hasta en la contemplación de una hoja en el viento.